Crónica Melt! 2008

Más vale tarde que nunca!!!

Melt!

Melt!

Texto y fotos: Néstor Martínez Peláez + Fernando Díaz González

MELT! Festival 2008

No se puede hablar del Melt! sin un pequeño pero obligado preámbulo: Las instalaciones.
Escenarios rodeados por rotopalas de treinta metros de alto, grúas oxidadas, almacenes y agua (mucho agua).
Básicamente de lo que hablamos es de tres días y tres noches de música en un ex-complejo minero reformado para acoger conciertos, festivales y demás eventos.
Para habilitar todo el asunto la decisión local fue inundar toda la cantera a cielo abierto y dejar una especie de península que hace las veces de salón de actos, aprovechando el cuello para instalar el camping (con uso y disfrute del lago), casetas de organización, duchas y ese tipo de cosas.
Un punto importante es que el sitio está situado entre Leipzig y Berlin, conocidos por su afición a convertir todo lo que tiene mas de 20 años en una discoteca, bar, centro social o cualquier otro tipo de antro de perdición que se les ocurra.

Pero bueno, no todo es apariencia, modernez y vanguardismo (aunque de todo eso como ya os imaginareis hay cuarto y mitad). Al margen de que acercarse a la zona de conciertos sea como entrar en un mundo de perdición y luces, la organización del festival lleva ya unos cuantos años currándose un cartel más que apetecible, trayendo a lo más puntero de la electrónica, el indie y todo el alegre terreno que se extiende entre ambos.

Aterrizando ya un poco en la edición este año, que tuvo lugar del 18 al 20 de julio, la oferta no podía tener mejor pinta.
El mayor problema, el de siempre: con un cartel ASI de grande, lo complicado es pensar a quién te vas a ver y a quién no.
En nuestro caso el primer día la cosa se simplificó bastante: “Gracias” a unos problemillas para llegar al festival, nos quedamos sin The Teenagers, The (International) Noise Conspiracy, DEUS o Tobias Thomas y hubo que pelearse por las migajas de Modeselektor presentando un disco que vale la pena oír puesto en escena. La competencia se la hacía Miss Kittin, con el peso de The Hacker para inclinar la balanza a su favor.

Después del apurón inicial y unos merecidos refrigerios para entrar en ambiente solo quedaba ir haciendo tiempo hasta que Skream saliese a machacar todos los aparatos auditivos disponibles con su maleta cargada de bajos. El escenario que le tocó en gracia venía que ni pintado, un patio entre almacenes con la luz del sol (Que en esas latitudes despunta a unas inapropiadas tres y media de la mañana…) dando un ambiente playero de lo más gracioso.
En su set, que duró más de dos horas y media, hubo un poco de todo, mejorando la cosa cuanto más tarde se hacía. Al principio parecía que antes de subir al escenario le hubiesen dado orden de tener cuidado con los vecinos y cuando los decibelios subían al nivel de rebotar en el pecho, tirada de disco para atrás y a volver a empezar. Si a eso le sumas tener a Goldie con pocas ganas de irse a dormir y un micro en la mano la situacion se ponía tensa por momentos.
Gracias a dios no tardó mucho en quitarsele la vergüenza y todos los presentes nos llevamos la ración de sonidos graves y distorsionados que habíamos ido a buscar.
Temilla de Burial incluido, el panorama a las seis y pico de la mañana no podía ser mejor: Plena luz del día, el público bailando en los escalones que rodeaban la pista y muy pocas ganas de irse a dormir.

¡Y desde luego el problema no iba a ser aburrirse! Cuando Skream dio por terminada la jornada, Ellen Alien se volvía a poner detrás de la mesa para cerrar “su” escenario, como lleva haciendo en siete u ocho de las ediciones anteriores, que por algo juega en casa.
Este año vino bastante más tranquilita que otras veces, pero aun asi dio una propinilla para que la gente se marchase contenta a dormir… o no, porque unos metros más allí el Sleepless Floor estaba todavía bien lleno de gente.
Y es que con un poco de sol, que hay que decir que no sobró a lo largo del festival, la idea de un escenario que aguante mientras están cerrados los otros coge bastante cuerpo…

El sábado vino pasado por agua, así ver conciertos al aire libre se hizo un poco complicado excepto para los más entregados a la causa.
Sobre las doce una masa considerable de cuerpos mojados se agitaban con Franz Ferdinand en el escenario, mientras otro sector del festival se dirigía a la mejor opción de la noche: La Gemini Stage.
A su favor contaba con un techo y una mano de artistas que no se la salta un gitano. A saber y en orden: Kissy Sell Out, Mr. Oizo, Uffie & Feadz con Technotronic y de postre Boys Noize. Con este reparto podía haber caido el diluvio universal ahí mismo y no le hubiese aguado la fiesta a nadie.

El aperitivo tuvo una aceptación variada. Aunque Mr. Oizo decepcionó un poco con un set bastante barato y predecible, unos cuantos aciertos valieron para animar al respetable y resultaba complicado no dejarse llevar, sobre todo teniendo en cuenta que el suelo de madera hacía que si saltaba uno saltásemos todos.
El relevo al señor Oizo se lo dio el allstar encabezado por Feadz. El gabacho nos deleitó con todo lo bruto y bailable que se nos pueda pasar por la cabeza, dividiendo su set en dos partes básicamente, con esposa primero y de picos pardos después. La primera mitad se puede describir como un Feadz retenido, salvándole el pellejo a una Uffie que lucía reciente look rubio en simbiosis un aspecto que recordaba a la posible evolución de una gemela Olsen heroinómana, y que aparte de todo eso en directo hizo dejar bien claro que tanto el maquillaje utilizado en las sesiones fotográficas como el proceso de producción en el estudio de grabación, pueden hacer milagros. Por en medio pasó la cantante de Technotronic que nos deleitó con unos abundantes dos minutos (a lo muy sumo) de pompompdeyam-pompirop, apurándose más para salir del escenario que para entrar. Al cabo de un rato, y con el púlpito dándole gracias al señor, tanto Uffie como sus alaridos desaparecieron del escenario, y Feadz empezó con lo bueno. Fiesta, fiesta y más fiesta. Set redondo, picando de todos los estilos que te pueden hacer mover el cuerpo, desde lo más fino hasta lo más burro, pero sin hacer que la gente parase.

Y ya sobre las cinco de la mañana llego el momento para el que se habían estado reservando fuerzas: Boys Noize. Y no defraudó en absoluto. KiD Alex se subió a su púlpito preparado para regalarnos un buen racimo de temas de esa bomba de relojería que es Oi Oi Oi, además de un buen surtido de electrónica variada.
Entre la apertura con “My moon my man” y el remix de Depeche Mode que le puso un final un poco chabacano a la fiesta pasaron muchas cosas y todas buenas.
Gente volando por los aires, artilugios playeros de todo tipo, un tema de James Holden salido de la nada, celebración contundente de temas como “Oh!” y cuando arrancó “& Down” directamente la histeria colectiva le dejaron a todo el mundo un muy buen sabor de boca y mucho menos cuerpo para aguantar la fiesta.

Como colofón final, un fenómeno que en la vida habíamos visto. Con Alexander Ridha encima del escenario diciendo adiós, y la música ya apagada, una masa de miles de personas en frente de él de cuclillas en sumo silencio, en una extraña muestra de agradecimiento y admiración por un lado, y reivindicación por otro, pues todos queríamos más. Al final, y en contra de la voluntad de los organizadores, todavía se atrevió a poner unos pocos segundos más de música, hasta que le apagaron el equipo y no hubo más tu tía. Ya sólo por eso merece entrar en el Olimpo de los dioses.

Vivir o morir

Vivir o morir

Lo que la unión del cansancio acumulado y la lluvia podían haber convertido en un domingo para olvidar o pasarse durmiendo, mejoró bastante con la última remesa de conciertos antes de emprender la huida del campo de batalla.
La tarde la empezaron los Battles que, a lo mejor por lo esperados que estaban, no dieron un espectáculo memorable. Mantuvieron el tipo con mucha decencia, eso si, pero la formula ya no sorprende tanto y de vez en cuando les faltaba un poco de garra.

El tiempo muerto antes de Hot Chip lo cubrió Shir Khan, con un set de electro cañero que te dejaba pensando porque al pobre le había caído en gracia un domingo a las ocho de la tarde. Mención especial a lo que consiguió este señor con el rebaño de cadáveres que poblaban la pista antes de su actuación.

Después de meditarlo un poco, nos decidimos a dejar a Shir Khan con sus platos y ir a echarles un ojo Hot Chip, que nos recompensaron con un concierto mucho más animado que de costumbre, metiendo mucha electronica para bien a juego con el festival y el ambiente. Los alemanes entregadísimos haciendo fuerzas de flaqueza y en el escenario un grupo pasándoselo igual de bien, resumiendo: Inesperado pero muy de agradecer.

Y ya antes de marcharnos a casita quedaban dos cuentas pendientes: Un ultimo intento para el baile con Oliver Koletzki y Björk.
Media hora un poco larga en Koletzki nos sirvió para entender que aunque por fuera parezcamos jóvenes sanos y fuertes, por dentro nuestro sitio está en una excursión del Imserso, así que nos arrastramos hasta la grada a esperar a que Björk montase su circo.
La islandesa no es santo de mi devoción, pero hay que reconocerle un par de cosas. Uno que hace lo que le da la gana, y eso hay que respetarlo siempre. Y dos, que verla en directo es bastante entretenido. Una banda de vientos con banderas atadas a la espalda que hacen extrañas coreografías a ritmo de unas bases de electrónica más bien oscurillas no se ve todos los días y, aunque se echó de menos la presencia del Reactable, el conjunto fue más que decente.

Resumiendo: Un festival que nunca hay que perder de vista, tanto por los carteles que se gastan como por el sitio que tienen la suerte de arrendar, solo queda esperar que el año que viene la suerte nos traiga un tiempo un poco menos aleman y bañarse en el lago no parezca una temeridad.

 

Cuéntanos algo