El PUNCH de MIRAx16 fue un gancho directo a la mandíbula, un gran combate que dejó a sus asistentes boquiabiertos. Un año más Fabra i Coats se había convertido en un espacio para disfrutar de la creación audiovisual en su máximo esplendor; la organización no tiró la toalla y supo lidiar con los problemas a medida que surgían (falta de lavabos el viernes, la cancelación de Zomby…), combo ganador. MIRA es un festival con un “genius loci” industrial, visual y contemporáneo que invita a la reflexión sobre el futuro de la música desde el momento en el que uno cruza sus puertas, no sólo por lo cuidado de los setups y el lineup, también por el espacio y su uso (una gran y antigua nave industrial con pasado textil) un escenario principal con buen sonido y 3 grandes pantallas, un escenario 360º, las instalaciones, el ambiente…no lo dudes, hay futuro. Este festival ha pasado de consolidarse a ser una referencia obligada en un pestañeo. Pero vayamos a lo que allí vimos y sonó.

Viernes

Compromisos profesionales me impidieron llegar a tiempo al show de Alessandro Cortini , sin duda una lástima por lo que me comentaron. Un viaje nostálgico cargado de música ambiental, que no puedo perderme si vuelve a darse la ocasión.

El primero de los shows que pude disfrutar fue el de Lee Gamble & Dave Gaskhart. No se trataba de jungle o como mínimo no únicamente, el paisaje sonoro generado por el artista era un collage de breaks, sonidos industriales pero con una base ambient que en algunos momentos rozaba la estridencia absoluta. Una propuesta arriesgada que no acabó de conectar con el público, quizás en parte también por una cuestión de horario, era muy pronto para un desarrollo tan experimental. El apartado visual, bajo mi punto de vista, fue otro punto flojo de este show, era difícil conectar el discurso musical con las imágenes de paisajes y ciudades que por momentos recordaban a los gráficos de los videojuegos de Playstation 2. A pesar de eso, como calentamiento para lo que nos esperaba, fue una buena manera de empezar el ejercicio.

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Los siguientes eplaidn salir a escena fueron Plaid & The Bee, para muchos los grandes triunfadores del viernes. Una puesta en escena simple pero muy efectista, un gran cuadrado creado a base de triángulos equiláteros dónde se proyectaban los visuales y el grupo detrás de esta celosía geométrica. Son muchos años en los escenarios y podemos decir que no sólo siguen en forma sino que han sabido adaptarse a nuevas sonoridades y nuevos tiempos. Pads celestiales, guitarra, riffs, arpegios… todo en su sitio y el primer momento en el que podías ver al público bailando con los pies y con los ojos en esta edición. Un gran acierto.

Turno de Death in Vegas, si uno pensaba que su actuación acabaría con el debate, nada más lejos de la realidad. Sin vocalista y tirando de techno y apretando bien los bombos fueron cayendo los temas de su último álbum. A un servidor le pareció una actuación bien ejecutada incluso a pesar de algunos fallos con el sonido, pero entiendo que sus viejos fans se hayan perdido en el cambio de discurso radical de esta banda respecto a sus anteriores lanzamientos. Un viaje que tuvo momentos álgidos pero que por momentos dejaba frío. Mención especial para la versión extendida que hicieron de su último hit “Consequences of Love” que hizo vibrar a la masa. El show visual estuvo dominado por el juego de luces estroboscópicas y esto fue algo interesante, pues todas las demás propuestas del festival giraron principalmente alrededor del contenido de las pantallas.

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Throwing Snow tomaba el relevo e iba a poner el nivel muy arriba. Un sonido progresivo y cuidado, cargado de delays y arpegios donde los sonidos de batería sampleada templaban la dosis de bombo de la actuación anterior. Las melodías que a veces destilaban un regusto arábico funcionaban como guía de un viaje que fue ascendente en todo momento, un sonido con personalidad propia que no debes perderte. Todo ello marinado con unos visuales a base de formas geométricas, fractales, copos de nieve… repetitivos y poco orgánicos pero que encajaban perfectamente con un discurso musical tan propio.

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Gestolen Cirkel era una de las actuaciones más esperadas de esta edición y aunque repartió zapatilla, su sesión fue un de menos a más en toda regla. Un inicio muy pausado y que dejaba al público desconectado seguido después de una velocidad en los cambios que hacían tropezar a los que querían seguirle el ritmo. Pero todas las aguas acabaron por desembocar en el mar del Techno y cuando cayeron algunos de sus temas más conocidos ya había conseguido ganarse el favor del respetable. En su actuación, pero también en otras de ese día como la de Plaid, pudimos constatar que los sonidos del electro están volviendo pero esta vez emerge de estilos que no solían ser los más afines, bien por esta nueva ramificación de un sonido que parece estar renaciendo.

Kim Ann Foxman fue la encargada de cerrar esta primera jornada con una selección de house y acid que no invitaba a mucho más que mover los pies para acabar el día. El dancefloor ahora sí parecía un club y no un lugar en el que bailar mientras exprimes tu cerebro, bailar y ya. Una propuesta que si bien como cierre festivo no estuvo mal, podría haber sido mucho más interesante (también a nivel visual), como sería el cierre del sábado a cargo de Job Josse.

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Así acababa el viernes con una gran sonrisa, pies cansados y muchas notas para pensar en lo vivido durante la semana posterior. Había que volver al día siguiente: el festival aún nos deparaba momentos épicos y no podíamos perdernos las instalaciones, ni un show al menos en el impresionante dome 360º.

 

Sábado

El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra y el sábado tampoco pude llegar a tiempo a la actuación de /beyond/ que por lo que me comentan estuvo muy acertado en su propuesta tanto a nivel musical como conceptual. Uno de los momentos mágicos del festival estaba a punto de suceder nada más entrar por las puertas de la fábrica. Lo que ofreció Esplendor Geométrico sobre el escenario fue algo más que un concierto, algo que casi podría denominarse ritual del industrial. Las repeticiones y la selección de las imágenes invitaban a una catarsis en el sentido más griego de la palabra (purificación de las pasiones del ánimo mediante las emociones que provoca la contemplación de una situación trágica) aderezada con altas dosis de crítica social y política. Discursos políticos, gritos, ruido, maquinas, distorsión… cargado siempre de una gran presencia rítmica. Toda una experiencia estética, una celebración mística de la vida a través del ruido que dejó claro porqué siempre han sido un referente dentro de la música industrial.

De golpe la niebla se apoderó de Fabra i Coats y para cuando empezó a sonar Tim Hecker era imposible ver a más de dos palmos; las máquinas de humo funcionaban como si no hubiera mañana. Luces verdes y rojas, todos los elementos generaban un ambiente de tensión perfecto para lo que sería otra de las grandes actuaciones de esta edición. El canadiense tiró de drones y de ambient pero con sonidos que parecían proceder de las fuentes más distintas: desde sonidos típicos del noise a baterías sincopadas que por momentos recordaban al free jazz más salvaje. Todo un viaje sensorial a través del sonido cargado de tensión y humo, mucho humo.

En ese momento hubo que tomar una decisión difícil: perderme a Roly Porter + MFO para poder disfrutar de una actuación en el adidas Dome. El escenario 360º sin duda es uno de los grandes atractivos del festival que no debes perderte. Tumbarte en el suelo y disfrutar del espectáculo visual como aquel que mira las estrellas en verano. BeGun presentó su último disco Amma y el film que lo acompaña. Todo muy africano y con un sonido y unos visuales muy enérgicos que realmente transmitían una historia. Los temas del álbum fueron sonando mientras los allí presentes nos deleitábamos con los arpegios boquiabiertos mirando al techo. Hasta que llega ese momento donde la cabra tira al monte y la gente empieza a escuchar el bombo y tiene que levantarse y tiene que bailar. El live va subiendo las revoluciones y el dome se convierte en un dancefloor, ya está todo el público en pie y los cojines empiezan a volar y sus sombras se proyectan por todas partes. Una forma irrepetible de disfrutar de este álbum y del directo de BeGun. Una clara demostración de que este espacio concebido para ofrecer una experiencia inmersiva tiene la capacidad de darla.

Salí a tomar el aire y decidí ver la instalación de Onionlab IA-Vectors, donde 5 brazos robóticos interactuaban con un láser y espejos, creando formas geométricas e invitando a la reflexión sobre la posibilidad de que las máquinas no sólo sean capaces de transmitirnos emociones sino que además las tenga. Una propuesta que está totalmente integrada en el concepto de este festival. Vuelta al escenario principal.

¡Sorpresa! Zomby cancela su actuación en MIRA esa misma mañana… esto ya pasa de castaño oscuro y yo paso de comentarlo. El encargado de substituirlo fue Nathan Fake y la verdad es que supo resolver la papeleta que le tocó jugar como fichaje de último minuto. Dejó caer temas de su inminente nuevo disco y la verdad es que tiene muy buena pinta. DEGREELESSNESS, su tema junto a Prurient, sonó grandioso y la verdad es que fue una buena manera de empezar a dejar llevar más los pies para la recta final.

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LONE fue el gran triunfador del sábado. Fue capaz de cambiar el mood del público a base de Groove en un momento. La propuesta de un House alegre en live con una batería y unos visuales coloridos y efectistas, hicieron que empezara una fiesta que ya iba a durar hasta al cierre. Los parones al final de cada tema le dieron un rollo más de banda al show y, aunque a veces se echaban de menos encadenamientos, la solvencia con la que defendían los temas, sobre todo de su último trabajo, hicieron que la pista se desbordara de bailes. Después llegó JLin y se marcó una sesión de footwork cargado de melodías que sin ser muy fan de este sonido, la verdad es que hizo que se movieran mis pies y el público lo gozó bastante.

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Job Josse fue el encargado de cerrar este MIRA y su selección de Techno, House y Acid hizo que aquello ya definitivamente se convirtiera en una fiesta, donde todo el mundo bailó la zapatilla que soltaba. Entonces de golpe Fabra i Coats parecía una Rave en los 90, otra magia de estar en un espacio como éste. Gran selección de temas y gran elección para un cierre.

Con esto nos despedimos de un MIRA intenso y que sin duda se ha convertido en una cita obligada en el calendario. Una inmersión total en la música y que, como comentaba al principio, ya tiene toda una identidad propia. Sin duda hemos podido sentir el PUNCH y ya estamos recuperados de las agujetas y entrenando para todo lo que nos depare su siguiente edición.