De nuevo, SoundEat se daba cita dentro del cartel del festival de Pedralbes, donde el año pasado pudimos ver a Terrence Parker y Tiger & Woods entre otros. Este año el cartel venía con otros dos nombres que nos apetecían muchísimo, Lindstrom y Tensnake, que teniendo en cuenta el entorno en el que nos íbamos a mover y la fantástica climatología que envolvía a la ciudad durante esos días, prometia al menos una tarde-noche más que agradable.

Soundeat Jardins de Pedralbes Nos acercamos alrededor de las 8 al recinto, teniendo que hacer una cola de unos 10-12 minutos (acompañando a acompañantes con entrada) y tras pasar por el control de seguridad, nos adentramos en SoundEat. Este año pudimos ver cómo la pista habia dejado de ser una mezcla de cesped y tierra para convertirse en una plataforma modular aportando comodidad a los que asistieran con chanclas y evitando tropezones cuando las copas empiezan a causar estrago.

Este año no se usó el método cashless para consumir, sino tokens de toda la vida. No sé si fue debido a esto, pero las colas para conseguir tokens fueron bastante rápidas gracias a que habia diferentes puestos repartidos. ¡Minipunto para la edición ’17!
El año pasado sufrimos muchísimo las colas, además de para sacar tokens, para pedir consumición. Este año no hicimos más de 7-8 minutos de cola para pedir copas y si queríamos cerveza, la cosa se aligeraba muchísimo más.
Si bien, la cola para pedir la cena en alguno de los food trucks era inevitable, la oferta, como siempre era muy apetecible. Media hora esperando para pagar/pedir no te la quitaba nadie si ibas a partir de una hora punta (nosotros fuimos a las 10.30-11 y nos comimos todo el meollo) pero luego sabía a verdadera gloria.

Musicalmente, nos asentamos en la pista ya con Lindstrom. Un Live clásico del noruego, con himnos como “I Feel Space” haciéndonos levantar los brazos y un tracklist repleto de temas de todas las épocas de Hans Peter. Lindstrom siempre es bien, pero lo cierto es que hubo algún problema de sonido y no parecía sonar todo lo fuerte que podría sonar, así que si estabas un poco alejado de la cabina o hacia los laterales, podías perder gran parte de la “fuerza” del set (dentro de la fuerza que puede tener Lindstrom).

Quizás por el bajo volumen nos costó un poco entrar en el set, quizás eso o simplemente se hizo un poco monótono. Por lo que pudimos ver, el público necesitaba algo más para poder entregarse. De hecho lo pudimos comprobar cuando le llegó la hora a Tensnake. El alemán tuvo una primera mitad de set muy cercano a lo ibicenco y que también nos pareció algo lineal. Lo cierto es que, como en todo set ibizoso, el público se vuelve loco a la que entra el bombo, y así fue. Era fácil ver cómo la gente se animaba en cada estrofa en la que el bombo ganaba protagonismo. Pese a eso, hasta el final de nuestro paseo gastronómico no pudimos seguir disfrutando de él.

A la vuelta, ya con la noche encima, Palm Grease estaban empezando su set. 4 personas en el escenario con sendas cajas de vinilos se preparaban a ofrecer un set repleto de house de los últimos años y que nos hacía comentar de vez en cuando. No subieron mucho los BPM, y era algo que empezábamos a notar. La selección de temas fue buena, pero la verdad es que el discurso del set nos pareció un poco random y también nos costó entrar en situación.

 

Pese a que la música esta vez no hiciera vibrar como lo ha hecho en otras ocasiones, el ambiente de SoundEat y la oportunidad de disfrutar de grandes artistas a plena luz del día y parte de la noche en horario de post-treintañero hace que no tengamos duda en reafirmar que son nuestras fiestas vermut-dominguero-friendly favoritas. Ya tengo ganas de la siguiente, fíjate tú.