Todas las fotografías de esta crónica pertenencen a Alba Rupérez

La pasada semana tuvo lugar la sexta edición en Barcelona del canadiense festival Mutek. Una apertura de la temporada de música electrónica.

Nos pudimos pasar por algunos de los eventos, tanto gratuitos de tarde, performances en teatros y las noches de desenfreno, y aquí va:

Como habíamos dicho en un #fatspot, el primer día (miércoles 04/03) el Convent de Sant Agustí cerca del Arc de Triomf presentaba las primeras actividades de acceso libre. En las charlas se presentó una app-instrumento y el conjunto de proyectos creados por el dúo Nonotak, que actuarían al día siguiente.

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En una pequeña sala de ambientación antigua actuaron Equipo y Loppkio, respaldados por una enorme lona preparada para brindar el punto fuerte de este festival: el visual.

El solitario Equipo, armado con portátil, launchpad, teclado y más gear en su mesa retro-iluminada ofreció un show entre el house y el techno con bastante marcha. La pantalla que le acompañaba detrás reflejaba colores y formas geométricas y aparecían y desaparecían al son de los temas; muy seguramente auto-disparados y sincronizados en su computadora.

Loppkio le dio más caña, techno oscuro y mucha percusión. Aunque la intro fuese un poco larga en exceso y algún patrón muy exprimido, el viaje que dieron a los asistentes más el juego de imágenes y luces que Gnomalab estaba montando en la tela trasera era auténtica armonía. La noche siguió con la misma intimidad en el pequeño y contundente club Moog.

El jueves en el mismo convento solo se ofreció un taller de programación en MAX4Live, así que el protagonismo se lo llevo el Institut Français de Av. Diagonal.

mutek nonotakEl dúo franco-japonés Nonotak deleitó con uno de los mejores conciertos audiovisuales que cualquiera pudiera echarse sobre los hombros. Una composición triangular de tres pequeñas paredes de tela, con ambos performers dentro y flanqueada por delante y por detrás con unos potentes proyectores.
Tal como explicaron el día anterior, con sus instrumentos y su par de portátiles ejecutando software musical sincronizado con uno de proyección, la definición de “espectáculo” se queda corta. Flashes, formas cuadrangulares, bandas, saltando del proyector frontal al trasero los hacía aparecer y desaparecer en haces de luz y siluetas en sombra. Cautivador.

Cerró la sala el canadiense Herman Kolgen, experto en crear películas de puro acompañamiento entre sonido e imagen. En el escenario con pantalla de formato cine y en completa oscuridad, Kolgen proyectó durante otra hora su obra Dust, una vorágine visual de insectos y polvo en macro-zoom que estremecía el cuerpo junto al tormentoso sonido que acompañaba la composición audiovisual. Una narrativa excelente.

El viernes venía con expectativas. La atracción principal de la tarde volvía a ser El Convent de Sant Agustí, aunque las actuaciones de Federico Monti y Twin Drive tenían una dinámica mucho más pasada que sus predecesores dos días antes. Toda una exploración de sonido filmográficos y tecnologías de hoy en día, mezclado musicalmente.

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El Teatre Barts precedía al baile nocturno con Herman Kolgen de nuevo, y el techno de Murcof: cubierto en las líneas de luz proyectadas por AntiVJ en delgados monolitos translúcidos colocados en diferentes profundidades, creando una sensación que distintivamente se alejaba del usual 2D.

 Y la continuación casi sin descanso, ¡Nitsa Club!

Tanto Nitsa/Sala Apolo como Mutek se lo curraron pero bien. Con la sala a tope a temprana hora, un gigantesco semi-logo del festival hecho superficie mapeable se situaba en el escenario, arropando dos largas mesas repletas de equipo instrumental. Si bien las proyecciones no eran de extrema complejidad, el despliegue impresionaba e hizo las actuaciones el doble de atractivas.

Si bien no hay reproche posible, si cabe puntualizar que el Mutek pudo haber estado más acertado en el cartel nocturno ya que Max Graef & Kickflip Mike estuvieron pinchando un poco lento para lo que pide un club como es Nitsa a las 3 de la mañana (cuando el miércoles hubo lives dignos de última hora a las 8 de la tarde).

Pero ya con una copa en la mano y el cambio a Magic Mountain High, todo lo que quedaba por delante era gozar. Unos auténticos maestros de los teclados, MMH lo hicieron muy bien. Algún drop que habían dejado a pedir de boca se les quedó algo corto, pero un sonido y una atmósfera genial.
Resultó de agradecer que la poca tregua que dieron fue útil para bajar a La[2] de Apolo a ver producto local. Sau Poler, con su sencillo set sobre el escenario y con muchas ganas tenía a toda la sala bailando sus adoradas selecciones discotequeras pero románticas.

Y el broche del festival se merece párrafo aparte. Talaboman lo partió. Mucho.

Esta alianza entre John Talabot y Axel Boman (Barcelona-Estocolmo) ya prometía, pero con lo que no se contaba es que también iba a sorprender.

10357687_10153472282174879_811079795463554777_oHabiendo escuchado sets y fragmentos de youtube, cabía pensar en una sesión bastante animada y alegre. Pero más cerca de lo contrario, se prepararon un auténtico bombazo de música alternativa y tirando a oscura. En su mayor parte rozando el techno, temas de Alter Ego, Canvas o un remix de Mosca pusieron el guión dark, alguna extravagancia como Kiniyuki o DrumTalk demostraban cuán exquisitos podían ser, y el detalle de incluir un par de pistas disco (nunca falla) como los Suburbanboyz o Itsnotover junto al clásico Mouse de Nylon les quedó redondo. Estiraron la noche un cuarto de hora más de lo habitual, para cerrar con su single Sideral (BCN Version), entre brazos alzados y voces de alegría.
Hacía tiempo que se veía un mix tan preparado.

El día final, Sábado, tocaba visitar lugar nuevo: la antigua Fábrica de Estrella Damm en Encants, la cual tuvo dentro las barras a tope, y fuera una cola que daba la vuelta a la esquina desde las siete de la tarde debido al aforo completo.

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En la sala superior, junto a la molona terraza, Herman Kolgen y AntiVJ presentaron y hablaron de sus diferentes proyectos tal y como lo hizo Nonotak el primer día.

La terraza contaba con dos gigantescos proyectores que enseñaban en una pared del edificio de en frente una cuenta atrás. Cada media hora se realizaba una proyección de 3 minutos. Sintiendo el avasallamiento, era bastante corta, cutre y ni siquiera estaba mapeada; un espacio y recursos que otra persona podría haber aprovechado mejor. En la sala principal discurrían los directos.11049485_10153477486329879_3148322783814473658_n

El primero fue Microfeel, presentando su próximo lanzamiento de larga duración, acompañado del violonchelo y una obra visual muy bien hilada, el transporte por su actuación en directo era profundamente inmersivo.

Reykjavyk 606 plantearon algo parecido, pero solo al comienzo. Con una extraña situación tras la tela gigante en la que se proyectaba el material video gráfico, empezaron muy despacio y a la par con imágenes de bosques y ruinas. Cuando decidieron incluir las cajas de ritmo, el asuntó cambio de revoluciones. Empezaron los silbidos vítores y el movimiento de pies. Así como la música y el ritmo iba creciendo, evolucionaba también el vídeo, haciéndose más dinámico y finalmente siendo una fiesta de inversiones de color.

El último fue Woulg. Techno de toda la vida, iluminado (ahora sí, con él delante de la superficie) por líneas verticales que cambiaba junto a las variaciones de frecuencia de la música que sonaba. Muy buen concepto, aunque se hizo un poco monotemático.

Para acabar, el gran final visual fue en el Teatre Barts.

Metametrik mostró una composición musical bastante experimental, muy algorítmica y áspera que Maotik supo adornar muy acorde con sus patrones geométricos e incluso glitch-art.

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Y la guinda del pastel fue para Robin Hanke. Una proyección hecha con lásers. Tal cual. Sonidos duros y mecánicos acompañados de disparos de luz. Hipnotismo puro. Le sobraron unos 15 minutillos hacia el final, pero fue una experiencia impresionante.

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Lo que está claro es que el Mutek apuesta fuerte por la vanguardia de la combinación música-imagen, y si sigue la trayectoria exponencial que este año ha demostrado, la edición que viene será espectacular.

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